viernes, 4 de julio de 2014

LA ZPAE AMENAZA LA AVENIDA DE BRASIL


EL AYUNTAMIENTO DECLARARÁ LA AVENIDA DE BRASIL ZONA DE PROTECCIÓN ACÚSTICA ESPECIAL

La ZPAE supone una seria amenaza para la viabilidad de Moby Dick Club, The Irish Rover y el resto de locales de la Avenida de Brasil: reducción de horarios, limitación de licencias
En la madrileña Avenida de Brasil nació hace 22 años el primero de los locales del Grupo: Moby Dick Club. Tan solo 4 años más tarde se inauguraba a su lado The Irish Rover Bar. Ambos locales fueron dos de los establecimientos que ayudaron a consolidar la Avenida de Brasil como una zona puntera de ocio, allá por mediados de los 90, en la que llegó a haber una alta concentración de bares de copas y discotecas. Una zona que competía en atractivo con Moncloa, Bilbao o Huertas.

¿Cómo es hoy la Avenida de Brasil?

Hoy en día la situación es bastante diferente. Hay menos locales nocturnos y en su lugar han aparecido más restaurantes y establecimientos con actividad principalmente diurna. Además, la profunda crisis económica que estamos atravesando, ha tenido sin lugar a dudas un gran impacto en la actividad y afluencia de la zona. Esto es palpable especialmente entre semana, cuando la Avenida de Brasil ofrece su lado más alicaído y despoblado.

De los 75 establecimientos hosteleros que se distribuyen por la zona, apenas el 30% desarrollan su actividad en el horario nocturno.

Con respecto a la contribución positiva de la hostelería, hasta los 90’s esta era una zona con numerosos clubes de alterne y focos de prostitución y con problemas de seguridad que gracias a la actividad de la hostelería y el ocio han desaparecido prácticamente (Casablanca, Pussy Cats, etc).

Teniendo en cuenta que la configuración urbanística de la zona está ocupada principalmente por el boulevard de la avenida Brasil, y en la que la presencia de tráfico está limitada a los diferentes cruces de calles que conectan Orense con Capitán Haya, la situación acústica del barrio es mucho más favorable que la mayoría de barrios y distritos de Madrid.

A nivel de establecimientos hosteleros la mayoría de ellos trabajan con clientela del barrio, no es una zona turística y el impacto de la crisis ha reducido mucho su actividad durante los últimos 7 años. En cuanto al otro foco del ruido que es el botellón y que ocupó alguno de los parques del boulevard hace 10 años, prácticamente ha desaparecido en los últimos años.

Aún así, es un espacio agradable y en la que las empresas de hostelería existentes nos afanamos porque la zona siga viva y haya una oferta de ocio y gastronomía de calidad.

Pero todo este esfuerzo, ilusión y trabajo se tornan baldíos cuando el Ayuntamiento de Madrid decide que es una zona con saturación acústica y que por tanto hay que intervenir. Y por supuesto intervenir en esta ciudad, desgraciadamente, es sinónimo de limitar y prohibir.

Y no precisamente se trata de prohibir el ya casi inexistente botellón, o de limitar el tráfico, que también genera ruido.  Se trata, una vez más, de cargar contra la hostelería limitando nuestra lícita actividad, pues en eso consiste la ZPAE (Zona de Protección Acústica Especial):

Recortando horarios de terraza, lo único que nos da cierto alivio durante los duros meses de verano.

Limitando la modificación y concesión de licencias, lo que nos avoca a una parálisis total y a la falta de expectativas de que la Avenida de Brasil vuelva a ser lo que fue.

¿Y qué supone para nosotros? Pues no solo una pérdida de negocio considerable, sino también destrucción de empleo (principalmente juvenil) y sobre todo mucho pesimismo sobre el futuro de la zona, ya de por sí castigada por la crisis y la presión policial de los últimos años.

Nuestra perplejidad y frustración es máxima cuando conocemos que el Ayuntamiento de Madrid va a instalar un quiosco velador en la misma Avenida de Brasil, cuya gestión se concede por concurso. Parece que la saturación de la zona no es tanta cuando se trata de quioscos municipales. Un signo más de la gran contradicción que supone todo esto.

Recientemente invitamos a periodistas de diferentes medios de comunicación a hacer una visita a la zona una noche de jueves para que pudieran comprobar in situ la tranquilidad imperante y la total ausencia de problemas de ruido. Alguno de ellos se hizo eco como El Mundo o El País.

También hemos recibido el apoyo de los vecinos y de clientes mediante recogida de firmas, y de medios del sector como JeNeSaisPop, que ven con preocupación la afrenta que día a día sufre el ocio nocturno madrileño por parte de las autoridades madrileñas, que han decidido que los bares sean el chivo expiatorio de todos los males de la ciudad, en gran parte como desviación de culpas de esa gran tragedia ocurrida en el Madrid Arena, recinto municipal gestionado de manera un tanto opaca por una empresa de eventos.



En definitiva, asistimos con pesadumbre e impotencia a una injusticia administrativa que nos dibuja en el horizonte un panorama nada halagüeño. Con creatividad y con esfuerzo se pueden sortear los embistes de la crisis y cualquier otro obstáculo. Pero poco se puede hacer cuando la Administración, en lugar de apoyar y facilitar la actividad empresarial en estos duros momentos, muy al contrario la entorpece, limita y dificulta. 

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