EL AYUNTAMIENTO DECLARARÁ LA AVENIDA DE BRASIL ZONA DE PROTECCIÓN
ACÚSTICA ESPECIAL
La ZPAE supone una seria amenaza para la viabilidad de Moby Dick Club,
The Irish Rover y el resto de locales de la Avenida de Brasil: reducción de
horarios, limitación de licencias
En la madrileña Avenida de Brasil nació hace 22 años el primero de los locales del
Grupo: Moby Dick Club. Tan solo 4
años más tarde se inauguraba a su lado The
Irish Rover Bar. Ambos locales
fueron dos de los establecimientos que ayudaron a consolidar la Avenida de
Brasil como una zona puntera de ocio, allá por mediados de los 90, en la que
llegó a haber una alta concentración de bares de copas y discotecas. Una zona
que competía en atractivo con Moncloa, Bilbao o Huertas.
¿Cómo es hoy la Avenida de Brasil?
Hoy en día la situación es
bastante diferente. Hay menos locales nocturnos y en su lugar han aparecido más
restaurantes y establecimientos con actividad principalmente diurna. Además, la
profunda crisis económica que estamos atravesando, ha tenido sin lugar a dudas
un gran impacto en la actividad y afluencia de la zona. Esto es palpable
especialmente entre semana, cuando la Avenida de Brasil ofrece su lado más
alicaído y despoblado.
De los 75 establecimientos
hosteleros que se distribuyen por la zona, apenas el 30% desarrollan su actividad
en el horario nocturno.
Con respecto a la contribución
positiva de la hostelería, hasta los 90’s esta era una zona con numerosos
clubes de alterne y focos de prostitución y con problemas de seguridad que
gracias a la actividad de la hostelería y el ocio han desaparecido
prácticamente (Casablanca, Pussy Cats, etc).
Teniendo en cuenta que la
configuración urbanística de la zona está ocupada principalmente por el
boulevard de la avenida Brasil, y en la que la presencia de tráfico está
limitada a los diferentes cruces de calles que conectan Orense con Capitán
Haya, la situación acústica del barrio
es mucho más favorable que la mayoría de barrios y distritos de Madrid.
A nivel de establecimientos
hosteleros la mayoría de ellos trabajan con clientela del barrio, no es una
zona turística y el impacto de la crisis
ha reducido mucho su actividad durante los últimos 7 años. En cuanto al
otro foco del ruido que es el botellón y que ocupó alguno de los parques del
boulevard hace 10 años, prácticamente ha desaparecido en los últimos años.
Aún así, es un espacio agradable y en la que las empresas de hostelería existentes nos afanamos porque la zona siga viva y haya una oferta de ocio y gastronomía de calidad.
Pero todo este esfuerzo, ilusión
y trabajo se tornan baldíos cuando el Ayuntamiento
de Madrid decide que es una zona con saturación acústica y que por
tanto hay que intervenir. Y por supuesto intervenir en esta ciudad,
desgraciadamente, es sinónimo de limitar
y prohibir.
Y no precisamente se trata de
prohibir el ya casi inexistente botellón, o de limitar el tráfico, que también
genera ruido. Se trata, una vez más, de
cargar contra la hostelería limitando nuestra lícita actividad, pues en eso
consiste la ZPAE (Zona de Protección
Acústica Especial):
Recortando horarios de
terraza, lo único que nos da cierto alivio durante los duros meses de verano.
Limitando la modificación y concesión de licencias, lo que nos avoca a una parálisis total y a la falta de
expectativas de que la Avenida de Brasil vuelva a ser lo que fue.
¿Y qué supone para nosotros? Pues no solo una pérdida de negocio
considerable, sino también destrucción
de empleo (principalmente juvenil) y
sobre todo mucho pesimismo sobre el futuro de la zona, ya de por sí castigada
por la crisis y la presión policial de los últimos años.
Nuestra perplejidad y frustración
es máxima cuando conocemos que el Ayuntamiento
de Madrid va a instalar un quiosco
velador en la misma Avenida de
Brasil, cuya gestión se concede por concurso. Parece que la saturación de la
zona no es tanta cuando se trata de quioscos municipales. Un signo más de la
gran contradicción que supone todo esto.
Recientemente invitamos a
periodistas de diferentes medios de comunicación a hacer una visita a la zona
una noche de jueves para que pudieran comprobar in situ la tranquilidad
imperante y la total ausencia de problemas de ruido. Alguno de ellos se hizo
eco como El
Mundo o El País.
También hemos recibido el apoyo
de los vecinos y de clientes mediante recogida
de firmas, y de medios del sector como JeNeSaisPop,
que ven con preocupación la afrenta que día a día sufre el ocio nocturno
madrileño por parte de las autoridades madrileñas, que han decidido que los
bares sean el chivo expiatorio de todos los males de la ciudad, en gran parte
como desviación de culpas de esa gran tragedia ocurrida en el Madrid Arena,
recinto municipal gestionado de manera un tanto opaca por una empresa de
eventos.
En definitiva, asistimos con pesadumbre e impotencia a una injusticia
administrativa que nos dibuja en el horizonte un panorama nada halagüeño. Con
creatividad y con esfuerzo se pueden sortear los embistes de la crisis y cualquier
otro obstáculo. Pero poco se puede hacer cuando la Administración, en lugar de
apoyar y facilitar la actividad empresarial en estos duros momentos, muy al
contrario la entorpece, limita y dificulta.

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